detrás de la cámara...
tres generaciones / una pasión
Mi abuelo ya era fotógrafo y mi padre continuó el camino, así que crecí entre cámaras, flashes y álbumes de boda. Desde pequeña los veranos significaban acompañarles a trabajar, ver cómo se preparaban las novias, ayudar a colocar algún detalle o simplemente observar todo lo que ocurría alrededor.
He visto muchas historias empezar así: con nervios, emoción y momentos que duran solo unos segundos.


Con los años empecé a llevar mi propia cámara. Me gustaba captar esos pequeños gestos que pasan desapercibidos: una mirada, unas manos nerviosas, una sonrisa espontánea.
Hoy sigo fotografiando bodas con esa misma mirada. Observando, acompañando y buscando siempre las imágenes que cuentan de verdad cómo se vivió ese día.
Porque para mí la fotografía no es solo un trabajo.
Es una historia que empezó hace generaciones y que hoy sigo contando a través de mi propia mirada.